Entrevista en "El Correo"

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Entrevista en "El Correo"

Mensaje por Sarletsa el Dom Jun 01, 2008 1:52 pm

Risto Mejide: «No soy un borde, sólo digo lo que pienso»
«Creo fielmente en el pensamiento negativo», afirma el publicista catalán, famoso por sus juicios descarnados de los concursantes de ‘OT’



Antes, mucho antes de que el viernes por la noche finalizase la quinta edición de ‘Operación Triunfo’, ya se sabía el nombre del ganador. Y no porque hubiese tongo. Está claro desde hace meses que quien más ha brillado -con perdón de Lorena, la vencedora- ha sido Risto Mejide. El piquito de oro del publicista catalán le ha convertido en un ’subidor de audiencias’, ya que con sus demoledoras críticas ha conseguido máximos superiores al 44%, muy por encima de la media del programa. Y él lo sabe, porque lo ha buscado. De hecho, su reciente incorporación a ‘Protagonistas’, el espacio de Luis del Olmo en Punto Radio, también va por ahí: Risto se ha convertido en una inyección de adrenalina, en un pelotazo que dispara el pulso de los programas.

Es lo único que se conoce de él, lo que él ha querido que se conozca, porque huye de las entrevistas como alma que lleva el Diablo. En una de las escasísimas excepciones, el jurado de ‘OT’ -que acude a la cita, celebrada en un hotel de Barcelona, ataviado con una indumentaria de lo más ‘fashion’- se salta sus propias normas para hablar de esa parte de sí mismo que no muestra en las intervenciones televisivas. Y permite comprobar un par de cosas. La primera es que no tiene ninguna parálisis facial, porque de cuando en cuando sonríe. Y la segunda es que, ante la insistente porfía de unas adolescentes que tratan de tomarle una foto con el móvil, no se altera ni las fulmina con la mirada, así que no debe de ser tan fiero como lo pintan.

-¿Qué cosas puede usted hacer en la vida real que no se permite en la tele?
-Para empezar, levantarme, porque en ‘OT’ estoy todo el día sentado.

-Más que sentado, está desmayado sobre la silla, con un aire de indolencia…
-¡Es que es terriblemente incómoda! No me queda más remedio que adoptar esa pose.

-Me refería a si se ríe como el resto de los humanos, o si canta en la ducha canciones de su ‘amigo’ Kike Santander.
-Sí que me río, aunque tengo un sentido del humor particular. Lo que pasa es que la gente que me conoce sólo por la tele me ve desempeñando una función determinada, pero no soy así siempre. Y en cuanto a lo de cantar canciones de Kike Santander es que no tengo aptitudes como cantante.

-Pero sí que ha hecho sus pinitos musicales. Estuvo en un grupo llamado Om. ¿Es una estrella del rock frustrada?
-No, no. Lo dejé, elegí dedicarme a la publicidad, pero la música sigue interesándome, toco el piano

-Estudió algo de chino, tocó en un grupo, es publicista… pero, realmente, ¿cuáles eran sus credenciales para ser jurado de ‘OT’?
-¡Uff, no lo sé! Eso se lo tendrían que decir los que me han contratado. Yo lo que valoro es tener experiencias, lo que yo llamo ‘momentos mecedora’, aquellos en los que el abuelo está callado en la mecedora y de repente se ríe, mientras que los nietos piensan de qué se reirá. Con las cosas que hago, yo aspiro a tener muchos momentos así.

La audiencia, soberana
-¿Ha jugado a esconderse de la prensa para incrementar la expectación a su alrededor?
-Más que para jugar, lo he hecho para protegerme. Hay un circo mediático en torno a la gente de la tele y yo he querido preservarme.

-Pues como es un gran desconocido, háganos un favor, defínase usted mismo.
-Creo que me lo tendría que preguntar de aquí a 40 años. Dése cuenta de lo que me puede cambiar la vida.

-Ya que usted no quiere definirse, le voy a decir cuál es la palabra que más usan los espectadores para referirse a usted: borde.
-No soy borde, sólo digo lo que pienso. Hay una gran distancia entre ambas cosas. Yo puedo ser borde con usted y decirle, por ejemplo, que ese jersey que se ha puesto es horroroso, pero eso sería ir a la contra porque sí. Y creo que la gente se ha dado cuenta de que no es mi caso, de que no digo las cosas por decir y de que, a veces, llevo razón.

-Bueno, le llaman borde, pero también le idolatran. ¿No es un contrasentido?
-No me sentiría cómodo si las opiniones sobre mí fuesen unánimes. Eso significaría que mi personaje se ha vuelto previsible.

-¿No hay un punto sádico en los espectadores que ansían ver cómo fustiga a los chicos de la Academia?
-La audiencia es soberana. Luego me critican por las formas, ¿pero no por el contenido!

-¿Sabe que le comparan con el doctor House?
-Nunca he visto esa serie. No puedo, soy muy aprensivo y cuando veo algo de médicos… Es que me mareo, tengo que cambiar de canal.

-Permita que le ponga en antecedentes: House es un médico brillante y terriblemente insolente. Usa las mismas chupas que usted y toca el piano. ¿Son almas gemelas!
-Bueno, lo de mi inteligencia es relativo. Unos me verán brillante y otros me veran lerdo, me da igual.

-Cómo le va a dar igual, nadie es tan duro.
-No, no voy de duro, pero decidí hace mucho tiempo qué opiniones me iban a afectar y cuáles no.

-¿Cuáles logran traspasar su escudo protector?
-Las que están fundamentadas.

-¿Cree en la brutalidad como método pedagógico?
-Mi misión en ‘OT’ era que los chavales reaccionasen.

-¿Alguien le ha cantado a usted las verdades?
-Siempre he exigido que fuese así. La verdad no es anestésica, es analgésica. Es la mentira la que es anestésica, te deja en estado de atontamiento. La verdad va al corazón del problema.

-¿Acaso nunca ha dicho una mentira piadosa?
-Sí. Seguramente ya le habré dicho unas cuantas.

-Esta semana la revista ‘Cuore’ le ha pillado con ‘chuletas’. ¿Se lleva usted escritos a ‘OT’ sus incendiarios ‘rapapolvos’?
-Claro, llevo apuntes. Nunca valoro a un concursante sólo por lo que hace en esa gala.

-¿Es tan exigente consigo mismo como lo es con los demás?
-Lo soy más. Como cualquiera que intenta hacer algo creativo.

-¿No se cansa de tanta exigencia? ¿Se aguanta a usted mismo?
-Creo fielmente en el pensamiento negativo. Todos tenemos un lado negativo que nos han querido ocultar y, sin embargo, creo que parte del proceso de madurez consiste en reconocer ese lado negativo. Yo intento aceptarlo y usarlo.

Muchos temores
-¿El triunfo da la felicidad?
-La felicidad no depende del triunfo o del fracaso.

-¿De qué, entonces?
-Nikos Kazantzakis, un filósofo que me encanta, dice: «No espero nada, no temo nada, soy libre». Creo que la felicidad parte de esa libertad, de no esperar nada y de no temer a nada. Ni siquiera al fracaso.

-Todo el mundo teme a algo. ¿A qué le tiene usted miedo?
-A muchas cosas. No me daría tiempo en esta entrevista a decirlo.

-Para estar cargado de temores, parece muy seguro de sí mismo.
-Sí. Valiente no es quien no tiene miedo, sino quien lo tiene y lo afronta.

-Ahora que esta edición de ‘OT’ ha terminado. ¿Va a seguir desfogándose en el programa de Luis del Olmo, ‘Protagonistas’?
-Mi trabajo en ‘Protagonistas’ es igual que el que he hecho en ‘OT’. Estoy para hacer críticas e intentar mejorar el producto y la audiencia. Ya he hecho algunas: al espacio le falta tocar las inquietudes de los jóvenes, temas sociales desde el punto de vista de la población, no del de los políticos, e interactividad.

-¿Le va a aguantar su jefe las críticas? El programa lleva 30 años en antena
-Para empezar me ha contratado, lo cual dice mucho a su favor. Aguanta como un jabato y creo que alguna crítica le está calando.

-Antes de terminar, por favor, dígame que mi jersey no le parece «horroroso».
-Bueno, ja, ja, su jersey no está mal. Me gustan los colores.

«Que me llamen producto es un halago»
-¿Sus padres le reconocen cuando salen de su boca esas perlas?
-Sí, reconocen una faceta de mí. Pero tengo muchas.

-Bueno, ellos le bautizaron con ese nombre tan novelesco. Uno de los rumores que circulan por ahí dice que usted se llama Evaristo, y que lo de Risto ha sido una coquetería suya.
-Qué va. Si quiere, le enseño el DNI. Es un nombre finlandés que mis padres me pusieron porque tenían un amigo que se llama así.

-Si le llamo producto, ¿usted se ofende?
-Si me dice eso, me quedo tan contento, porque indica que la función que me propuse la he conseguido. Para mí no es una ofensa, es un halago. Quería ser notorio y decir las cosas claras y de forma distinta, para que los chavales vieran lo que se podía destacar en un concurso que ya llevaba muchas ediciones. También quería elevar la audiencia, claro. Aunque tengo que recalcar que no ha sido sólo mérito mío, que hay más de 200 personas trabajando en él y ‘OT’ lleva cinco ediciones por algo.

-Como buen producto, ¿está preparado para el momento en que le llegue la caducidad?
-Absolutamente. Mi función jamás ha sido ser una estrella de la tele. Si paso a estar detrás de la cámara, como antes, perfecto. Nunca he dependido ni quiero depender de la fama.

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